Las tareas escolares: Cómo aliviar la carga

Es otoño y por todas partes las familias están ingeniándose una rutina que se acomode a la escuela, la guardería, el trabajo y la estabilidad familiar.

Los seres humanos estamos inclinados hacia el placer y la alegría. Nos gusta jugar. Nos gusta nuestro tiempo de ocio— los padres no menos que los niños. Pero después de un poco  de descanso durante el verano, los padres tienen que encontrar una manera de forzar su tierna tribu en las estructuras de un horario orientado a la escuela – y el trabajo-. En muchas familias, los mayores traumatismos se sienten alrededor de las tareas escolares.

Dados los rigores de los días entre semana, es fácil saber por qué las tareas son motivo para problemas. Padres cansados y apresurados con niños a quienes se les ha dicho suficiente qué hacer durante el día. Agregue una medida de resentimiento y frustración (ingredientes que usualmente no vienen envueltos en pequeñas cantidades). Algunos padres sienten que necesitan condimentar la mezcla con amenazas de castigo o quitar privilegios, a pesar de que realmente ésto nunca hace el producto final más gustoso. Algunos niños le enciman: ¡”No puedo”! o ¡”No lo haré”! o ¡”Déjame solo”! Es una mezcla incendiaria. Las tareas se pronostican como una llave para el futuro éxito de su hijo en el mundo. Lo que en realidad tiende a minar la dulzura de la relación padre-hijo. Y amarga a los niños en la escuela.

Hay una fuerte evidencia de que las tareas en los primeros años escolares, no ofrece ninguna ventaja intelectual a los niños. Un estudio de la Universidad de Michigan ha mostrado que el mejor pronóstico de notas altas y pocos problemas de conducta para niños entre 3 y 12 años, es comer juntos en familia, no estudiar. Para tener la motivación y la atención continua para aprender, los ánimos de los niños deben nutrirse con risas, contacto físico, correteos, caricias y conversaciones familiares que les permita saber que ellos nos pertenecen. En vez de tareas, los niños lo harían mejor divirtiéndose, relajándose y dedicándose a aventuras y pasatiempos después de la escuela. Sus instintos son buenos. Se necesita jugar para mantener a las personas unidas y en la tónica de aprender el uno del otro.

Desafortunadamente, las escuelas tienden a volver cada oportunidad de aprendizaje en una tarea.  Una vez que hay una tarea y una fecha para entregarla, el aprendizaje se vuelve una labor que se supone debe hacerse solo. ¡Los niños no están hechos para hacer trabajo ellos solos! La tarea que se pide a veces muestra, no la inteligencia del niño, sino la fortaleza emocional de la familia cuando se sobrevive noche tras noche a un trabajo de ratón de biblioteca.

No voy a hablar aquí detalladamente cómo limitar la carga de las tareas. Al final de este artículo se citan fuentes excelentes para padres que tienen esta preocupación. Creo que tiene sentido que los padres aboguen fuertemente por políticas para hacer tareas que limiten estrictamente el tipo y cantidad de tareas que se esperan de sus hijos. Hasta que nosotros los padres podamos controlar las tareas escolares que no educan realmente o inspiran a nuestros niños, tenemos que lidiar con todos los sentimientos que aparecen en las noches de escuela. He aquí algunas consideraciones que pueden ayudar a mantener la familia con miras hacia una dirección constructiva en el frente de las tareas.

Reconozca que los niños necesitan jugar y conectarse.

Esta necesidad es tan vital para su salud y bienestar como el agua y el alimento. Si los niños necesitan usar su inteligencia, ellos necesitan ser capaces de sentir el amor que usted tiene por ellos. Ese sentido de conexión es el motor detrás de su motivación para tratar una y otra vez. Los aprendices deben experimentar las cosas de varias maneras. Ellos deben recuperarse de experimentos que no funcionan. Los niños se recargan jugando y con una cariñosa conexión

Programe un Tiempo Especial para recargar a su hijo.

Un tiempo determinado cada día llamado: Tiempo Especial, puede ayudar a un niño a sentirse “visto”, en control y amado. Durante “Tiempo Especial”, él escoge lo que quiere hacer. Su trabajo es ser amable, estar interesado y contento con él. No ponga toda su atención en el juego o actividad que él escoja. Es su atención en él  y su deleite con él lo que es el premio. Es un antídoto de un largo día de escuela.

Permita a su niño llenarse de Tiempo Especial y juego antes de hacer las tareas.

Las conexiones que él hace durante el juego, ayudará a su mente a disponerse para la tarea. Estas conexiones no borrarán sentimientos que se tengan acerca de las condiciones injustas de la escuela. Ellas no remediarán su falta de confianza en un material en particular. Pero sí le ayudarán a conectarse con usted y le ayudarán a usted a sentirse más cerca de él antes de que ambos se enfrenten a los desafíos emocionales de las tareas escolares. Siempre es mejor enfrentar una situación desafiante sabiendo que hay alguien a su lado. Jugar durante Tiempo Especial prepara para ese estado.

Prepárese para momentos de explosión.

Las grandes molestias que los niños tienen sobre las tareas no son señales de que algo malo pasó. Usted no ha fracasado como padre. Su hijo no es bobo ni débil. Él ha acumulado tensión emocional de muchos incidentes que no fueron buenos durante el día. Además, él tiene algunos sentimientos adquiridos en el pasado años atrás – como por ejemplo, tener miedo de cometer errores; sentir que la vida es injusta (un sentimiento muy común entre niños con hermanos) o sentirse muy cansados para funcionar. El tiene sus sabores particulares de sentimientos que afloran bajo estrés. Cada día, su experiencia es pintada con estas interpretaciones negativas sobre la realidad. La tareas de hoy son el perchero perfecto para colgar los sentimientos que él ha cargado por años. Prepárese para ésto.

Busque un adulto con quien desahogarse.

Si no puede aguantar las quejas cotidianas de su hijo, busque un amigo y hable por cerca de media hora para darse cuenta y hablar de los sentimientos persistentes que le afloran cuando su hijo empieza a quejarse de las tareas que tiene que hacer. En vez de explotar con él, explote con su compañero de escucha. Hable acerca de eso. Siéntalo. Diga las palabras ofensivas que está tentada a decir. ¡Patalee! Coja a su compañero de escucha por los hombros y regáñelo. Deje salir el ardor de su propia emoción a la mezcla emocional. Cuando se encuentra una válvula de escape a sus propios sentimientos y reacciones, ésto le dará más poder más tarde para ayudar a su hijo con el trabajo emocional que necesita hacer para poder mantener vivo el interés por el aprendizaje, a pesar de las experiencias difíciles de la escuela y algunos vacíos en su confianza.

Cuando aparecen las emociones de su hijo, acérquesele y escúchelo.

Para superar el sentimiento de que la escuela es injusta, de que no le gusta a su maestro o que no puede con las matemáticas, su hijo necesita llorar, enfurecerse y decirle a usted que detesta las tareas. Este apasionado episodio emocional es lo que su sistema necesita realmente para  diseminar el enojo y dar campo para razonar y entusiasmarse otra vez. Usted no necesita amenazar o dasaprobar. Solo escuche. La vida ha sido injusta. El se  ha sentido muy pequeño, estúpido, que nadie lo quiere. No es su culpa. El está disolviendo el poder de esos sentimientos llorando y luchando y dicéndole a usted lo convincentes que son esos sentimientos para él. A medida que usted lo escucha, usted está sanado el dolor que él está expresando. A ésto se llama Permanecer Escuchando lo que tiene un gran poder como estrategia para ayudar a su niño a retomar su sentido de que la vida es buena y de que usted está a su lado.

Permanecer Escuchando funciona con las tareas escolares.

He aquí un ejemplo: mi hija pasó con mucha facilidad las matemáticas de primero y segundo grado, pero ahora se ha vuelto más difícil y tiene que memorizar las tablas de multiplicar. Es algo que no le gusta y se ha resistido a hacerlo.

Un día, decidí que necesitábamos sentarnos juntas con lapiz y papel y escribir las tablas para ayudar a recordárselas. Yo estaba de buen ánimo para insistirle cariñosamente que escribiera la del cuatro y la del seis.

Ella aferró el lapiz y escribió 4 x 1 = 4. En el 4 x 2, no le gusto cómo se veía el 2, entonces lo borró furiosa. ¡”Estúpida”! gritó. Empezó a escribir 4 x 3 =, después tiró el lapiz al piso y grito con todos sus pulmones: ¡”Soy una estúpida! ¡No le gusto a nadie! ¡Odio la escuela! ¡Me odio! ¡Eres la PEOR mamá! Y siguió así por cerca de cinco minutos.

Le recogí el lápiz. “Veo lo difícil que es para tí, pero yo sé que lo puedes hacer. Hagámoslo juntas la próxima vez. Cuatro veces tres es doce”. Me gritó.  Sin palabras, solo una poderosa ráfaga de ruido. En el 4 x 4 = 16, empezaron las lágrimas. Volvió a la letanía de odiarse y lloró duro.  Así seguimos con la del cuatro. Se sentó en mi regazo por un minuto antes de luchar con la del seis. Pensamos que era suficiente por el día.

A la mañana siguiente en el carro, le pedí que repasáramos las tablas y ellas las dijo todas menos una. Ahora está aprendiendo la del doce. Trabajando – sin gritar o tiras cosas. Es sorprendente cuánta tensión se encierra cuando se tiene que memorizar algo. He aquí mi ecuación: A menos tensión = Más aprendizaje.

Crea en su hijo cuando empieza a llorar o a tener una rabieta cuando tiene tareas. No es un fracaso  personal. No es una táctica para hacerlas más tarde. Es el instinto de su hijo de descargar la mezcla emocional que se deposita en su camino. Algunas veces, una gran caldera de emociones se drena con varios episodios emocionales, cada uno tan apasionado como el de antes. El proceso puede ser ruidoso, de parase los pelos. Pero usted puede creer en el arrebato de su niño para superar la situación. Con su ayuda, él recupera partes vitales de su inteligencia. Con el tiempo usted será premiada con un niño más seguro de sí mismo.

Patty Wipfler Patty Wipfler Founder, Program Director, and Trainer

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