Empezamos el día con el pie izquierdo

Sareli and SonEl más pequeño de mis hijos despertó con miedo porque había soñado con una pesadilla. Cuando le pregunte que me contara no pudo. Solamente dijo que era un sueño malo y no le gustaba recordar. Mientras yo terminaba de hacer el almuerzo él se tenía que alistar para poder irnos a la escuela. Parece que eso iba ser un poco difícil porque nomás no podía encontrar su cinturón, ni sus zapatos, y mucho menos su mochila. Desde la cocina lo escuchaba quejarse. Me vi afrentada a tomar una decisión; podría ser más estricta y sobre aconsejar a mi hijo de lo que tiene que hacer para que pronto se alistara, y en verdad, si, pensé hacer esto, pero entonces se me ocurrió algo en su lugar, Tiempo Especial.
Claro, no voy a mentir, no tenía muchas ganas de implementar Tiempo Especial: es que no es que no quiera pasar tiempo con mi hijo lo que sucede es que era muy temprano y como que me toma más esfuerzo establecer una conexión con mis hijos por las mañanas. Eran las 8:10am y su clase empezaba a las 8:45 en punto, en menos de 35 minutos. No está lejos la escuela, en menos de tres minutos podríamos llegar,  pero ese no era el punto,  el todavía no estaba listo.
Entonces decidí que sería yo la que no se alistaría, me quede en mi ropa de dormir y me cepillaría los dientes en mi regreso. No sería ni el primero ni el ultimo niño que su mami lo deje en la escuela vestida en sus pijamas-y la mera verdad a los demás niños y niñas les encantan mis pijamas brillantes. Bueno, entre a su cuarto, tome asiento en la esquina de su cama y en voz alta dije, “ ¿Sabes que, mi pequeñito? Creo que necesito una PAUSA.” Este comentario capto su interés de mijo y voltio su carita hacia mí y pregunto por qué decía eso yo. Quede callada un momento y le sonreí preguntándole, “¿Te gustaría jugar conmigo Tiempo Especial? Tengo CINCO minutos libres y pienso que nos divertiríamos mucho si los usamos juntos!”
Obvio que acepto, no la pensó dos veces.
Le pregunte qué es lo que le gustaría hacer y en dónde. Sin un segundo que perder exclamo, “¡Futbol, en el pasillo!!!”
¡Por supuesto!
Entre mi estaba haciendo changuitos que él me pediría acurrucarnos en nuestra silla gigante de frijol y leer un poco un cuento, – pero- ah como se me olvidan las cosas- Tiempo Especial no es lo que yo pida si no lo que pida el. Con una sonrisa de esas de oreja a oreja le conteste, “Muy bien, deja cojo el reloj y lo programo.”
Mi hijo fue y tomo la pelota de futbol y rápido se puso sus zapatos, (que milagrosamente aparecieron) y al pasillo voló. Como si hubiera salido el sol mijo  alumbraba el pasillo. Vi como se desenvolvía esta personita carcajeándose mientras anotaba gol tras gol especialmente cuando yo fallaba cada vez que trataba de marcar un gol y el gritaba con fervor, “¡No es tu día, mami!”
En cinco minutos logro de cambiarme las reglas del partido al menos una diez veces. Cuando la alarma timbro rápido que me señala con el dedo que volteara ver asea mis espaldas y en eso que patea la pelota y suelte un fuerte, “¡GOOOOOAALLL!!!”
Es divertido ver a mijo ser tan gracioso. No cabe duda que siempre que resisto implementar Tiempo Especial me encuentro con la sorpresa de que tan valioso es dedicarle tiempo a estos momentos.
Después de tan extremo partido de futbol quedo muy hambriento y pues que se empina su desayuno. A la escuela nos fuimos, llegando dos minutos antes de que tocara la campana.
Después de escuela, la maestra me pregunto sobre lo que hice con mi hijo esta mañana  y que por favor lo repitiera todos los días por que hoy  estuvo muy atento en la clase.
¿Antes de que se me olvide, si, les conté que él era el tanteador del juego? En caso que tenga curiosidad cual fue el resultado aquí les va, perdí, Cien mil cincuenta cienes a uno. Al final se soltó bromeando, “¡Quizás, para la otra, mami!
Y, con una sonrisa le conteste, “¡Si, mijo, tal vez para la próxima!

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